Aviso médico: este artículo es informativo y no sustituye una consulta médica. El tratamiento del asma durante el embarazo debe individualizarlo y supervisarlo tu equipo de neumología, alergología y obstetricia. No suspendas ni modifiques tu medicación por tu cuenta.
Descubrir que estás embarazada cuando tienes asma despierta casi siempre la misma duda: “¿mis inhaladores pueden hacer daño al bebé? ¿No sería más seguro dejarlos?”. Es una preocupación lógica, pero la respuesta de la evidencia es clara y tranquilizadora, y conviene decirla desde el principio: lo que pone en riesgo al bebé no son los inhaladores bien indicados, sino el asma mal controlada. Mantener el asma a raya durante el embarazo es una de las cosas más importantes que puedes hacer por tu salud y por la de tu hijo.
El asma y embarazo es una combinación frecuente —el asma afecta a alrededor del 6-10 % de las embarazadas, lo que la convierte en una de las enfermedades crónicas más habituales en la gestación [1,2]—. En esta guía explicamos cómo cambia el asma al quedarte embarazada, por qué controlarla protege a tu bebé, qué medicación es segura, cómo actuar ante una crisis, qué papel tiene la vacunación y qué tener en cuenta viviendo en Canarias, con la calima y el polen local como desencadenantes a vigilar.
Tabla de contenidos

Cómo cambia el asma durante el embarazo: la regla de los tercios
Una pregunta muy razonable es si el embarazo, en sí mismo, mejora o empeora el asma. La respuesta clásica es la llamada “regla de los tercios”, confirmada en metaanálisis: aproximadamente un tercio de las embarazadas mejora sus síntomas de asma, un tercio empeora y un tercio se mantiene igual [1]. Es decir, no hay una evolución única, y por eso el seguimiento individual es tan importante. Cuando el asma empeora, suele hacerlo más a menudo entre las semanas 24 y 36, mientras que en las últimas semanas tiende a estabilizarse.
Por qué cuesta más respirar: los cambios del embarazo
El propio embarazo modifica la mecánica respiratoria: el útero hace que el diafragma se desplace hacia arriba (puede elevarse varios centímetros) lo que produce cambios eb los volúmenes pulmonares y por otro lado se produce un aumento del volumen sanguíneo, todo esto puede hacer que muchas mujeres embarazas tengan sensación de falta de aire incluso sin padecer asma. Esto puede confundirse con un empeoramiento del asma, cuando a veces se trata de una disnea normal de la gestación, que se denomina “disnea fisiológica”
Distinguir una cosa de la otra es precisamente tarea del especialista: en la embarazada sana la función pulmonar medida por espirometría se mantiene normal, de modo que cualquier alteración en una gestante con asma debe ponernos en alerta [1].
Además, en el embarazo son más frecuentes la rinitis y el reflujo gastroesofágico, dos factores que pueden agravar el asma y que conviene tratar para mantener el control.
Por qué controlar el asma es más importante que nunca
Aquí está el mensaje central de toda la guía.
El miedo a la medicación lleva a algunas mujeres a reducir o abandonar sus inhaladores al saber que están embarazadas, y eso es justo lo contrario de lo recomendable, porque el asma mal controlada tiene consecuencias para la madre y para el bebé [1,2,3].
Un asma no controlada durante el embarazo se asocia a mayor riesgo de:
Para el bebé: bajo peso al nacer, ser pequeño para la edad gestacional, parto prematuro, problemas de placenta y, en las crisis graves, sufrimiento fetal.
Para la madre: preeclampsia, diabetes gestacional, mayor probabilidad de cesárea y, en las exacerbaciones graves, complicaciones serias.
La otra cara de la moneda es muy positiva: cuando el asma está bien controlada durante el embarazo, los riesgos de complicaciones para la madre y el feto son mínimos, prácticamente como los de una embarazada sin asma [3]. Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), controlar bien el asma reduce de forma notable el riesgo de complicaciones fetales [2].
¿Son seguros los inhaladores durante el embarazo?
Las principales guías nacionales e internacionales coinciden en que el tratamiento del asma no debe cambiarse por el hecho de estar embarazada y en que los fármacos habituales, usados correctamente, son seguros [1,3]. Aunque casi todos los medicamentos atraviesan en alguna medida la placenta, el beneficio de tratar el asma supera ampliamente los posibles inconvenientes [1].
Conviene aclarar, además, que la antigua clasificación de la FDA en categorías A, B, C, D y X ya no se utiliza; hoy las decisiones se toman valorando el balance individual de beneficios y riesgos de cada fármaco [3].
Corticoides inhalados: la base del tratamiento
Son el pilar del control del asma y se mantienen durante el embarazo. La budesonida es el corticoide inhalado más estudiado en gestación y el que las guías europeas y americanas posicionan como referencia, por su perfil de seguridad bien establecido: no se ha asociado a aumento de malformaciones, parto prematuro ni bajo peso [1,3]. Si ya usabas otro corticoide inhalado (como fluticasona o beclometasona) con buen control antes del embarazo, lo habitual es no cambiarlo sin motivo. Estos fármacos, además, reducen las crisis de forma notable.
Broncodilatadores de rescate (SABA)
El salbutamol inhalado es el broncodilatador de rescate de elección y se considera seguro en el embarazo [1]. Es el inhalador que usas puntualmente cuando notas síntomas; eso sí, necesitarlo a menudo es señal de que el asma no está bien controlada y de que hay que revisar el tratamiento de base.
Otros fármacos
Los broncodilatadores de acción prolongada (LABA, como formoterol), combinados con el corticoide inhalado, y fármacos como el montelukast o la teofilina, usados adecuadamente, no se han asociado a un aumento de anomalías fetales [1,2,6]. En las crisis, los corticoides orales se utilizan cuando están indicados: la placenta metaboliza la mayor parte y el feto se expone solo a una fracción, de modo que no deben dejar de usarse si una crisis los requiere, porque el riesgo de la crisis sin tratar es mayor [1].
En resumen: prácticamente todo tu tratamiento habitual contra el asma puede mantenerse en el embarazo. Las decisiones finas (qué fármaco, qué dosis) las debe ajustar tu médico, pero el principio es seguir tratándote.

El plan de tratamiento: la clave es no abandonar
El manejo del asma en el embarazo se apoya en los mismos pilares que fuera de él, con un seguimiento más estrecho:
Mantener el tratamiento de base (habitualmente corticoide inhalado, solo o combinado) para tener el asma controlada. No suspenderlo.
Seguimiento regular del control del asma a lo largo de la gestación, idealmente con valoración periódica, porque la evolución es imprevisible (recuerda la regla de los tercios).
Técnica de inhalación correcta: una parte importante del “mal control” se debe simplemente a usar mal el inhalador. Pide que te revisen la técnica.
Controlar los desencadenantes y los factores asociados: tabaco (imprescindible no fumar ni exponerse al humo), rinitis, reflujo, infecciones respiratorias y alérgenos.
Plan de acción por escrito: saber qué hacer si los síntomas empeoran y cuándo pedir ayuda.
Qué hacer ante una crisis de asma en el embarazo
Una crisis (exacerbación) durante el embarazo no debe minimizarse ni tratarse con menos intensidad por miedo a la medicación: al contrario, una crisis mal tratada priva de oxígeno también al bebé. Las pautas generales son las mismas que en cualquier persona con asma:
Usa tu medicación de rescate (salbutamol) según tu plan de acción.
Si no mejoras, si necesitas el rescate de forma repetida, si te cuesta hablar o caminar, o si notas que el bebé se mueve menos, busca atención médica sin demora.
Ante una crisis grave —ahogo intenso, labios o uñas azulados, agotamiento— llama al 112.
El tratamiento de la crisis incluye broncodilatadores, oxígeno si hace falta y corticoides cuando si están indicados por tu médico, igual que fuera del embarazo. El objetivo prioritario es mantener una buena oxigenación materna, porque es lo que garantiza la del feto.
Vacunación y prevención de desencadenantes
La prevención de infecciones respiratorias es especialmente importante, porque pueden desencadenar crisis. En este punto, la vacunación antigripal tiene gran una importancia en la embarazada con asma: las guías insisten en la inmunización frente a la gripe, que es segura en cualquier trimestre del embarazo y protege tanto a la madre como al recién nacido en sus primeros meses [1]. También se recomiendan otras vacunaciones del embarazo según el calendario vigente (como tosferina) y conviene revisar con tu equipo la situación frente a otras infecciones respiratorias. (Puedes ampliar esta información en nuestra guía sobre [ENLACE INTERNO PENDIENTE: vacunas-pacientes-respiratorios-guia].)
Junto a la vacunación, las medidas de control ambiental ayudan a reducir las crisis: evitar el tabaco y los ambientes con humo, controlar los alérgenos a los que seas sensible y prestar atención a la calidad del aire.
Asma, parto y lactancia
Dos preocupaciones muy frecuentes hacia el final del embarazo:
El parto: la inmensa mayoría de las mujeres con asma bien controlada tienen un parto normal. Es importante seguir usando tu medicación habitual también durante el ingreso y el parto. Las crisis durante el propio parto son poco frecuentes, sobre todo si el asma llega controlada.
La lactancia: es plenamente compatible con el tratamiento del asma. Los corticoides inhalados y el salbutamol pasan a la leche materna en cantidades mínimas y no afectan al bebé, por lo que puedes y debes seguir tratándote mientras das el pecho [3]. La lactancia materna, además, puede aportar beneficios respiratorios al bebé. Solo en situaciones concretas de dosis altas de corticoides orales tu médico te dará pautas específicas.

Asma y embarazo en Canarias: calima y polen
Vivir el embarazo en Canarias añade algunos factores ambientales propios que conviene anticipar si tienes asma:
Calima: los episodios de polvo sahariano elevan las partículas en suspensión (PM10 y PM2,5) y pueden desencadenar o empeorar crisis asmáticas. El Servicio Canario de la Salud recomienda a las personas con enfermedad respiratoria permanecer en interiores durante los episodios intensos, mantener puertas y ventanas cerradas, evitar el ejercicio al aire libre y valorar la mascarilla FFP2 al salir. Para una embarazada con asma, los días de calima son momento de extremar el control y tener el inhalador de rescate a mano. (Tenemos una guía específica: [ENLACE INTERNO PENDIENTE: calima-en-canarias-proteger-salud-respiratoria].)
Pólenes y otros alérgenos locales: si tu asma es alérgica, conviene conocer tus desencadenantes y reforzar el control en las épocas de mayor exposición.
Seguimiento en el sistema sanitario canario: el control del asma en el embarazo se realiza de forma coordinada entre atención primaria, neumología/alergología y obstetricia en los hospitales de referencia del SCS. Acudir a las revisiones y consultar pronto ante cualquier empeoramiento es la mejor estrategia.
Señales de alarma para consultar
Busca atención médica si durante el embarazo notas:
Síntomas de asma (tos, pitos, opresión, ahogo) más frecuentes o más intensos de lo habitual.
Necesidad de usar el inhalador de rescate cada vez más a menudo.
Despertares nocturnos por el asma.
Dificultad para hablar o caminar por el ahogo, labios o uñas azulados → urgencia, 112.
Disminución de los movimientos del bebé durante o después de una crisis.
No esperes a la siguiente revisión si tu asma se descontrola: ajustar el tratamiento a tiempo es lo que evita las crisis graves.

Preguntas frecuentes
¿Puedo seguir usando mis inhaladores estando embarazada?
Sí. Las guías recomiendan mantener el tratamiento del asma durante el embarazo, porque el asma bien controlada protege al bebé. Los corticoides inhalados (con la budesonida como referencia), el formoterol ( broncodilatador de mantenimiento) y el salbutamol de rescate se consideran seguros. Lo peligroso no es el inhalador bien indicado, sino dejar el asma sin tratar. Nunca suspendas la medicación por tu cuenta.
¿Los corticoides inhalados pueden dañar a mi bebé?
Los corticoides inhalados usados a las dosis recomendadas no se han asociado a un aumento de malformaciones, parto prematuro ni bajo peso al nacer. La budesonida es el más estudiado en el embarazo. De hecho, al prevenir las crisis, ayudan a proteger al bebé. Es justo lo contrario de lo que muchas personas temen.
¿Qué pasa si tengo una crisis de asma estando embarazada?
Una crisis debe tratarse con la misma intensidad que fuera del embarazo, porque la falta de oxígeno de la madre también afecta al bebé. Usa tu medicación de rescate según tu plan y busca atención médica si no mejoras. Ante un ahogo intenso, llama al 112. No reduzcas el tratamiento de una crisis por miedo a la medicación.
¿Puedo ponerme la vacuna de la gripe estando embarazada?
Sí, y es muy recomendable, especialmente si tienes asma. La vacuna antigripal es segura en cualquier trimestre y protege a la madre y al recién nacido en sus primeros meses. La gripe puede desencadenar crisis y complicarse más en el embarazo, así que la vacunación es una medida de protección importante.
¿Puedo dar el pecho si tomo medicación para el asma?
Sí. La lactancia es compatible con el tratamiento del asma: los inhaladores pasan a la leche en cantidades mínimas y no afectan al bebé. Debes seguir tratándote mientras das el pecho. Solo en casos de dosis altas de corticoides orales tu médico te indicará pautas concretas.
La calima me afecta mucho. ¿Es peligroso para el embarazo?
La calima puede desencadenar o empeorar crisis de asma, por lo que durante los episodios intensos conviene extremar las precauciones: permanecer en interiores, cerrar ventanas, evitar el ejercicio al aire libre, valorar la mascarilla FFP2 al salir y tener el inhalador de rescate a mano. Si notas que el asma se descontrola con la calima, consulta para ajustar el tratamiento.
Conclusión
La combinación de asma y embarazo genera muchos miedos, pero el mensaje de fondo es sencillo: con un buen control, la inmensa mayoría de las mujeres con asma viven un embarazo y un parto normales y tienen bebés sanos. La clave no es dejar la medicación, sino mantener el asma bajo control: seguir el tratamiento, revisar la técnica de inhalación, vacunarse frente a la gripe, vigilar desencadenantes como la calima y el polen, y consultar pronto si algo empeora. Respirar bien es, literalmente, la mejor forma de cuidar de tu bebé. Habla con tu equipo de neumología, alergología y obstetricia y construye con ellos un plan que te dé tranquilidad durante todo el embarazo.
Bibliografía
Asma y embarazo: fisiopatología, diagnóstico y manejo farmacológico. Rev Med Clin Las Condes. 2024. https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-asma-embarazo-fisiopatologia-diagnostico-manejo-S0716864024000324
SEPAR. Asma y embarazo (información para pacientes y recomendaciones). Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica. https://separ.es/
Global Initiative for Asthma (GINA). Global Strategy for Asthma Management and Prevention — Management of asthma in pregnancy. https://ginasthma.org/
MotherToBaby. Corticosteroides inhalados (CSI). Hoja informativa. NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK582766/
Servicio Canario de la Salud. Recomendaciones a las personas más sensibles ante la presencia de calima. Gobierno de Canarias. https://www3.gobiernodecanarias.org/noticias/sanidad-recomienda-a-las-personas-mas-sensibles-tomar-precauciones-ante-la-presencia-de-calima-27/
Gema 5.5 guía española para el manejo del asma.
Disclaimer médico
Este artículo tiene finalidad exclusivamente informativa y divulgativa. No sustituye en ningún caso una consulta médica presencial. El diagnóstico y el tratamiento del asma durante el embarazo y la lactancia deben individualizarse y supervisarse por tu equipo de neumología, alergología y obstetricia, valorando tu historia clínica completa. No suspendas ni modifiques tu medicación sin indicación médica. Ante síntomas de crisis grave (ahogo intenso, dificultad para hablar, labios azulados o disminución de los movimientos del bebé), contacta con los servicios de urgencias (112).