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Guías para pacientes

Actividad física después de una tromboembolia pulmonar: cuándo y cómo volver a moverte con seguridad

Guía médica para retomar la actividad física tras una tromboembolia pulmonar: cuándo empezar, cómo progresar, deporte y anticoagulantes y signos de alarma. Por una neumóloga.

6 de julio de 2026 María Purificación Ramírez Martín

Actividad física después de una tromboembolia pulmonar: cuándo y cómo volver a moverte con seguridad

Aviso médico: este artículo es informativo y no sustituye una consulta médica. Cuándo y cómo retomar la actividad física después de una tromboembolia pulmonar depende de tu situación clínica concreta, del motivo del trombo y de tu tratamiento anticoagulante. Esa decisión debe tomarse siempre con tu neumólogo o tu médico de referencia, que conoce tu historia completa.

Una de las preguntas más repetidas en la consulta de neumología tras un episodio agudo es esta: “doctora, ¿cuándo podré volver a caminar, a nadar o a subir un risco sin miedo?”. La actividad física después de una tromboembolia pulmonar genera muchas dudas y, a menudo, miedo: miedo a que el esfuerzo “suelte” otro coágulo, a quedarse sin aire o a sangrar por los anticoagulantes. La buena noticia es que, en la inmensa mayoría de los casos, moverse no solo es seguro, sino que forma parte del tratamiento. La clave está en saber cuándo empezar, con qué intensidad y con qué señales de alarma vigilar.

Esta guía explica, paso a paso, cómo recuperar la actividad física tras una embolia pulmonar: por qué cuesta tanto al principio, qué dice la evidencia sobre su seguridad, cómo progresar de forma gradual, qué relación tiene con los anticoagulantes y qué particularidades hay que tener en cuenta viviendo en Canarias, desde el senderismo en altura hasta los episodios de calima.

Tabla de contenidos

Qué es una tromboembolia pulmonar y por qué cuesta retomar la actividad

La tromboembolia pulmonar (TEP) —también llamada embolia pulmonar o tromboembolismo pulmonar— es la obstrucción de una o varias arterias del pulmón por un coágulo de sangre (un émbolo) que, en la mayoría de los casos, procede de una trombosis venosa profunda (TVP) de las piernas. Cuando ese coágulo viaja hasta el pulmón y bloquea el flujo, una parte del tejido pulmonar deja de recibir sangre correctamente, lo que produce los síntomas típicos: dificultad para respirar (disnea), dolor torácico, taquicardia y, a veces, tos o sensación de mareo.

La TEP forma parte de la llamada enfermedad tromboembólica venosa (ETV), y su tratamiento se basa en la anticoagulación: fármacos que”” que hacen que la sangre sea más líquida para impedir que el coágulo crezca y que se formen otros nuevos, mientras el propio organismo va reabsorbiendo el trombo existente.

Por qué te falta el aire y te falta fuerza al principio

Tras el alta, muchos pacientes se sorprenden de lo limitados que se sienten: suben un tramo de escaleras y se ahogan, o se cansan caminando lo que antes hacían sin pensar. Esto tiene una explicación lógica y, casi siempre, reversible. Intervienen varios factores:

  • Desacondicionamiento físico: días o semanas de reposo, hospitalización y miedo al movimiento reducen rápidamente la capacidad del corazón, los pulmones y los músculos. El desacondicionamiento es uno de los principales motivos de la fatiga y la falta de aire en los meses siguientes a una TEP [4].

  • Repercusión sobre el corazón derecho: en algunas embolias, el ventrículo derecho ha tenido que trabajar contra una resistencia mayor, y necesita tiempo para recuperarse.

  • El componente emocional: la ansiedad y el miedo a una recaída son frecuentes y, por sí solos, pueden aumentar la sensación de ahogo y limitar la actividad.

Entender que buena parte de esa limitación inicial se debe al reposo y no a un daño irreversible es el primer paso para recuperar la confianza y volver a moverse.

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¿Es seguro hacer ejercicio después de una embolia pulmonar?

Es la pregunta del millón, y la respuesta de la evidencia actual es tranquilizadora: en el paciente estable y correctamente anticoagulado, la actividad física de intensidad ligera a moderada es segura y no aumenta el riesgo de que se desprenda un nuevo coágulo.

El miedo más extendido —que moverse “suelte” el trombo— no se sostiene en la práctica clínica. De hecho, ya en la trombosis venosa profunda se ha demostrado que caminar y mantener una actividad regular precoz no incrementa el riesgo de embolia pulmonar y se asocia a una resolución más rápida de los síntomas en la pierna. Una vez que la anticoagulación es efectiva, el trombo queda estabilizado y el organismo lo va reorganizando; el ejercicio razonable no lo “lanza” al pulmón.

En el caso concreto de la embolia pulmonar, distintos programas de rehabilitación y ejercicio supervisado han mostrado que es posible iniciar actividad de intensidad baja o moderada de forma precoz sin eventos adversos graves ni aumento de recurrencias, con mejoría de la disnea y de la calidad de vida [1,3,4]. En un ensayo de programa de ejercicio domiciliario iniciado aproximadamente una semana tras el alta y mantenido durante varias semanas, no se registraron recurrencias de embolia y la mayoría de los participantes refirió mejoría en su resistencia y su calidad de vida frente al grupo que no lo siguió [3].

En resumen: el problema no suele ser moverse demasiado pronto, sino moverse demasiado poco durante demasiado tiempo. El reposo prolongado mantiene el desacondicionamiento y, además, es en sí mismo un factor de riesgo de nueva trombosis.

La gran matización es que “seguro” no significa “sin supervisión”. Antes de progresar de la caminata suave a un ejercicio más exigente, conviene tener el visto bueno del médico, empezar despacio y vigilar los síntomas. La intensidad alta o la competición se valoran de forma individual y más adelante.

Cuándo empezar: las fases de la recuperación

No existe un calendario único: el tiempo de recuperación de una embolia pulmonar es muy individual y depende del tamaño del trombo, de la repercusión sobre el corazón, de las enfermedades asociadas y de la causa del episodio. Aun así, sirve de orientación pensar en fases.

Fase 1 — Primeros días: movilización suave

Desde el ingreso o el alta, salvo contraindicación, el objetivo es evitar el reposo absoluto. Levantarse, caminar por casa, hacer movimientos suaves con las piernas aunque se esté sentado y realizar pequeños paseos cortos varias veces al día ayuda a mantener la circulación y a frenar el desacondicionamiento. Esta movilización precoz es hoy la norma, no la excepción.

Fase 2 — Primeras semanas: caminar como base

En las primeras semanas, caminar es el mejor ejercicio: accesible, controlable y de bajo impacto. La pauta habitual es empezar con paseos cortos en llano e ir aumentando poco a poco la duración antes que la velocidad, guiándote por cómo te encuentras. Muchas guías y programas sitúan el inicio de un ejercicio estructurado de intensidad ligera-moderada en torno a las primeras 2 a 4 semanas tras el evento, siempre con valoración médica previa [1].

Fase 3 — Reincorporación progresiva: del paseo al ejercicio estructurado

Una vez consolidada la caminata sin síntomas, se añaden de forma gradual otras actividades aeróbicas de bajo impacto (bicicleta estática, natación, ejercicios en el agua) y, más adelante, trabajo de fuerza suave. Es también el momento en que algunos pacientes pueden beneficiarse de un programa estructurado de rehabilitación cardiorrespiratoria supervisado.

La consulta de seguimiento: la cita clave

Las sociedades científicas recomiendan una visita de seguimiento entre los 3 y los 6 meses tras la embolia pulmonar [2]. Esa consulta es decisiva para tu plan de actividad: en ella el médico evalúa si persiste la disnea, cómo toleras el esfuerzo, revisa la anticoagulación y, si hace falta, solicita pruebas adicionales. Si a los 3 meses de tratamiento sigues con ahogo que no mejora, es un motivo claro para comentarlo en esa visita.

Persona da un primer paso apoyada en una silla junto a una ventana, retomando con cautela el movimiento en casa.

Cómo progresar: el principio FITT aplicado al paciente con TEP

Una forma sencilla de organizar la vuelta al ejercicio es el principio FITT: Frecuencia, Intensidad, Tiempo y Tipo. Adaptado al paciente que se recupera de una tromboembolia pulmonar:

  • Frecuencia: empezar con sesiones cortas casi todos los días es mejor que una sesión larga y agotadora a la semana. La meta a medio plazo, recogida en las recomendaciones de seguimiento, es alcanzar de forma progresiva unos 150 a 300 minutos semanales de actividad moderada [2], repartidos en varios días.

  • Intensidad: la regla de oro es “empezar suave e ir despacio”. Una guía práctica es la prueba del habla: debes poder mantener una conversación mientras te mueves. Si no puedes hablar, vas demasiado rápido. Se prioriza el ejercicio aeróbico moderado y se evita, al principio, el esfuerzo vigoroso.

  • Tiempo (duración): aumenta primero los minutos y luego la intensidad. Incrementos pequeños —por ejemplo, cinco minutos más cada pocos días según tolerancia— son más sostenibles y seguros que los saltos bruscos.

  • Tipo: de bajo impacto y controlable. Caminar, bicicleta estática, natación y ejercicios en el agua son ideales en las fases iniciales. La fuerza se introduce después, con cargas ligeras y buena técnica.

Una pauta de arranque muy utilizada en programas domiciliarios es alternar esfuerzo y descanso: por ejemplo, caminar cinco minutos y descansar otros cinco, repitiendo el ciclo varias veces [3], e ir reduciendo los descansos a medida que mejora la tolerancia.

El papel de la rehabilitación cardiorrespiratoria

Cuando la disnea o la fatiga persisten, o cuando el paciente tiene poca confianza para ejercitarse solo, un programa de rehabilitación supervisado aporta un marco seguro: ejercicio individualizado, control de la frecuencia cardíaca y de los síntomas, y educación. Aunque la rehabilitación tras una TEP es un campo más joven que la rehabilitación cardíaca clásica, y que no en todos los centros está disponible, , la experiencia disponible apunta a mejoría de la capacidad de esfuerzo, de la disnea, del sueño y de la calidad de vida, tanto en programas supervisados como domiciliarios [1,4]. Dado que el desacondicionamiento es un motor importante de la disnea post-TEP, ofrecer rehabilitación a estos pacientes es una estrategia razonable, si bien son programas costosos y altamente específicos que no suelen estar accesibles, se está trabajando en herramientas apoyadas en la telemedicina para intentar aproximar este recurso a más pacientes. [4].

El síndrome post-tromboembolismo pulmonar y la disnea persistente o residual.

No todos los pacientes evolucionan igual. Una parte importante de quienes superan una embolia pulmonar —según las series, en torno al 40-60 % de los supervivientes— presenta lo que se denomina síndrome post-tromboembolismo pulmonar (síndrome post-TEP): persistencia de disnea de esfuerzo, intolerancia al ejercicio y limitación funcional más allá de los tres meses de anticoagulación correcta [2].

En la mayoría de estos casos, el origen es una mezcla de desacondicionamiento físico, comorbilidades y factores cardiopulmonares, y la situación mejora precisamente con un programa de actividad física bien guiado [4]. Por eso, la disnea persistente no debe interpretarse automáticamente como “tengo el pulmón dañado para siempre”: muchas veces es la expresión de un cuerpo desentrenado que necesita reentrenarse de forma progresiva.

Cuándo la disnea obliga a descartar complicaciones

Ahora bien, hay un pequeño subgrupo en el que la disnea persistente tiene una causa más específica que sí hay que descartar:

  • La hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTEC), una complicación poco frecuente —afecta aproximadamente al 2-3 % de los supervivientes de una embolia pulmonar [2]— en la que los trombos no se reabsorben y obstruyen de forma crónica la circulación pulmonar. Es importante porque tiene tratamiento específico, en muchos casos potencialmente curativo, y por eso conviene diagnosticarla a tiempo.

  • La enfermedad tromboembólica crónica, en la que persisten lesiones y síntomas con el esfuerzo sin llegar a una hipertensión pulmonar en reposo establecida.

La señal que debe alertar es una disnea de esfuerzo que no mejora —o que empeora— pese a haber completado el tratamiento y haber intentado reactivarse. Ante ese patrón, el especialista puede solicitar pruebas ecocardiograma (primera prueba para descartar HPTEC), como la gammagrafía de ventilación/perfusión (primera prueba para descartar HPTEC, ya que nos permite saber si realmente los síntomas referidos pueden estar en relación con presencia de trombo residual o no, dado su alto valor predictive negativo), una vez constatamos que exite trombo residual podemos recurrir a una prueba de esfuerzo cardiopulmonar que nos va a permitir discriminar si el origen de la disnea residual es debido a la afectación vascular pulmonar o a otras causas ya mencionadas como el desacondicionamiento físico o las comorbildiades, o enfermedads subyacentes conocidas o no que pudiera tener el paciente[2]. Por ultimo la ecocardiografía nos ayuda a seleccionar correctamente aquellos paciente que deben de someterse a más pruebas diagnósticas. La inmensa mayoría de los pacientes no llegará a este punto, pero conviene conocerlo para no normalizar un ahogo que no remite.

Deporte y anticoagulantes: lo que sí y lo que conviene evitar

Durante meses —habitualmente un mínimo de 3 -6 meses, y en muchas ocasiones de forma prolongada o indefinida según multiples condciones y siempre bajo el criterio del médico— estarás en tratamiento anticoagulante. Esto condiciona el tipo de actividad física, no por la intensidad en sí, sino por el riesgo de sangrado ante golpes o caídas.

Actividades recomendadas

Los ejercicios aeróbicos de bajo impacto son los grandes aliados del paciente anticoagulado y, además, los que mejor reentrenan tras una TEP:

  • Caminar y senderismo suave por terreno seguro.

  • Natación y ejercicios en el agua.

  • Bicicleta estática o ciclismo tranquilo en entorno controlado.

  • Gimnasia suave, movilidad y, progresivamente, fuerza con cargas ligeras.

Actividades a evitar o consultar mientras estés anticoagulado

El punto crítico es minimizar el riesgo de traumatismos, porque con la sangre anticoagulada cualquier golpe sangra más y un golpe en la cabeza o el abdomen puede ser grave. Conviene evitar o consultar individualmente:

  • Deportes de contacto o de choque: rugby, boxeo, artes marciales, fútbol, baloncesto, balonmano.

  • Actividades con alto riesgo de caída: esquí, patinaje, escalada, ciclismo de montaña técnico, equitación.

  • Trabajos o aficiones con riesgo de cortes o caídas (escaleras de mano inestables, etc.).

No se trata de renunciar al deporte, sino de elegir bien y proteger la cabeza, el tronco y las articulaciones mientras dura la anticoagulación. Si practicabas un deporte concreto antes del episodio, coméntalo con tu médico: muchas veces hay una forma de adaptarlo o un momento adecuado para retomarlo.

Señales de sangrado a las que estar atento mientras te ejercitas anticoagulado: hematomas grandes o que aparecen con facilidad, sangrado que no para, orina rojiza o heces negras, dolor de cabeza intenso tras un golpe. Ante cualquiera de ellas, consulta.

Dos personas caminan por un sendero costero canario al atardecer, con el Teide al fondo entre calima suave.

Actividad física tras una TEP en Canarias

Vivir en Canarias ofrece un entorno privilegiado para recuperar la actividad física tras una embolia pulmonar —clima suave casi todo el año, kilómetros de paseos marítimos y mar templado para nadar—, pero también plantea tres situaciones específicas que conviene anticipar con tu neumólogo.

Senderismo y altitud: el Teide y las cumbres

El archipiélago invita a caminar por la montaña, pero la altitud reduce la cantidad de oxígeno disponible. Una excursión al entorno del Teide supera con facilidad los 2.000 metros, e incluso los 3.500 en la zona del teleférico; las cumbres de Gran Canaria (Roque Nublo), La Palma (Caldera de Taburiente) o el norte de Tenerife también ganan altura rápidamente. En un paciente que aún se está recuperando de una TEP, con el corazón derecho o la función pulmonar todavía resintiéndose, el esfuerzo en altura puede provocar más ahogo del esperado. No significa renunciar al senderismo: significa empezar por rutas costeras o de media montaña, progresar poco a poco y consultar antes de planificar una ascensión a cota alta. La inmensa mayoría del archipiélago se disfruta a nivel del mar.

Calima: cuándo dejar el ejercicio al aire libre para otro día

Durante los episodios de calima, el aire se carga de polvo sahariano y se disparan las partículas en suspensión (PM10 y PM2,5). El Servicio Canario de la Salud recomienda a las personas con enfermedad cardiorrespiratoria evitar el ejercicio al aire libre, permanecer en interiores y considerar la mascarilla FFP2 al salir durante estos episodios. Para quien se está reincorporando a la actividad tras una embolia pulmonar, la recomendación práctica es sencilla: los días de calima intensa, trasladar el ejercicio a un espacio interior (caminar en casa, bicicleta estática, gimnasio cubierto, piscina cubierta) y retomar el plan al aire libre cuando el episodio remita.

Persona se detiene durante un paseo con la mano en el pecho y un vaso de agua, atenta a sus síntomas al hacer ejercicio.

Señales de alarma para parar y consultar

Reentrenar tras una TEP implica notar fatiga y cierto ahogo “normales” del desentrenamiento, que mejoran con las semanas. Pero hay síntomas que obligan a detener el ejercicio y buscar atención médica. Para en seco y consulta si durante o después de la actividad aparece:

  • Dolor torácico o sensación de opresión en el pecho.

  • Disnea brusca o desproporcionada para el esfuerzo que estás haciendo.

  • Palpitaciones, latido muy rápido o irregular.

  • Mareo, sensación de desmayo o pérdida de conocimiento.

  • Hinchazón, dolor o enrojecimiento en una pierna (posible nueva trombosis venosa profunda).

  • Tos con sangre (hemoptisis).

  • Cualquier signo de sangrado importante estando anticoagulado.

Ante dolor torácico intenso, ahogo súbito o pérdida de conocimiento, no esperes: llama al 112. Estos síntomas pueden indicar una recurrencia de la embolia y son una urgencia.

Checklist rápido para volver a moverte

Seis pasos para retomar la actividad física tras una tromboembolia pulmonar con seguridad:

  1. Consulta antes de progresar. Movilízate suave desde el principio, pero pide el visto bueno del médico antes de pasar de caminar a un ejercicio más exigente, y aprovecha la visita de seguimiento a los 3-6 meses.

  2. Empieza por caminar. Paseos cortos en llano, aumentando primero la duración y luego la intensidad.

  3. Aplica “suave y despacio”. Usa la prueba del habla; tu meta progresiva es acercarte a 150-300 minutos semanales de actividad moderada.

  4. Protégete mientras estés anticoagulado. Elige ejercicio de bajo impacto y evita deportes de contacto o con riesgo de caída.

  5. Adapta el plan a Canarias. Cuidado con la altitud (Teide y cumbres), traslada el ejercicio a interior los días de calima e hidrátate con el calor.

  6. Conoce tus señales de alarma. Para y consulta ante dolor torácico, ahogo brusco, palpitaciones, mareo o hinchazón de una pierna; ante síntomas graves, 112.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo tengo que esperar para volver a hacer deporte después de una embolia pulmonar?

No hay un plazo único: depende del tamaño del trombo, de cómo haya quedado tu corazón y tus pulmones y de tus otras enfermedades. La movilización suave (caminar) empieza desde los primeros días, y el ejercicio estructurado de intensidad ligera-moderada suele iniciarse en las primeras semanas con visto bueno médico. La vuelta a deporte más exigente o a la competición se valora de forma individual, normalmente más adelante y casi siempre a partir de la consulta de seguimiento.

¿El ejercicio puede provocar que se suelte otro coágulo?

Es el miedo más frecuente, pero la evidencia disponible es tranquilizadora: en el paciente estable y correctamente anticoagulado, la actividad física de intensidad ligera a moderada no aumenta el riesgo de recurrencia. Una vez que la anticoagulación es efectiva, el trombo está estabilizado. El reposo excesivo, en cambio, mantiene el desacondicionamiento y es en sí mismo un factor de riesgo trombótico.

Sigo con falta de aire varios meses después. ¿Es normal?

Es relativamente frecuente: una parte importante de los pacientes presenta disnea de esfuerzo persistente (síndrome post-TEP), casi siempre por desacondicionamiento, que mejora con un programa de actividad física progresivo. Sin embargo, una disnea que no mejora o que empeora pese al tratamiento debe valorarse para descartar complicaciones como la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica. Coméntalo siempre en tu revisión.

¿Puedo nadar o ir a la playa estando anticoagulado?

Sí. La natación y los ejercicios en el agua son de las mejores opciones tras una TEP: bajo impacto y bajo riesgo de traumatismo. Las precauciones son las generales de cualquier persona anticoagulada (evitar cortes, golpes y zonas resbaladizas) y las propias del calor canario: hidratarse, evitar las horas de más sol y no exigirte de más los primeros días.

¿Puedo subir al Teide o hacer rutas de montaña?

Con cautela y de forma individualizada. La altitud reduce el oxígeno disponible y puede causar más ahogo durante la recuperación, sobre todo por encima de los 2.000 metros. Lo razonable es empezar por rutas costeras o de media montaña, progresar poco a poco y consultar con tu neumólogo antes de planificar una ascensión a cota alta como la del Teide.

¿Es mejor hacer rehabilitación supervisada o puedo entrenar por mi cuenta?

Ambas opciones han mostrado beneficios. Si te sientes seguro, tienes buena tolerancia y has recibido pautas claras, un plan domiciliario bien estructurado puede funcionar muy bien. Si persisten la disnea o la fatiga, tienes poca confianza o varias enfermedades asociadas, un programa de rehabilitación cardiorrespiratoria supervisado aporta seguridad y un progreso más controlado. Tu médico te ayudará a decidir y te informará de las opciones disponibles

Conclusión

Recuperar la actividad física después de una tromboembolia pulmonar es, para la gran mayoría de los pacientes, no solo posible, sino parte esencial de la curación. El principio que resume toda la guía es sencillo: moverse pronto, empezar suave, progresar despacio y vigilar las señales de alarma. Caminar primero, sumar natación, bicicleta o fuerza después, protegerse mientras dura la anticoagulación y adaptar el plan al entorno —la altitud, la calima y el calor de Canarias— permite volver a una vida activa con seguridad. Y cuando la falta de aire no remite, la respuesta no es resignarse ni abandonar el ejercicio, sino consultar: tu neumólogo distinguirá el desentrenamiento, que se trata moviéndose, de las pocas complicaciones que requieren un abordaje específico. Hablar con tu especialista y construir juntos un plan progresivo es la mejor forma de pasar del miedo al movimiento.

Bibliografía

  1. Rolving N, et al. / European Respiratory Society. Exercise after pulmonary embolism: a call for greater nuance in interpreting safety and efficacy. Eur Respir Rev. 2025. https://publications.ersnet.org/content/errev/34/178/250190

  2. Klok FA, et al. Optimal follow-up after acute pulmonary embolism: a position paper of the European Society of Cardiology Working Group on Pulmonary Circulation and Right Ventricular Function, endorsed by the European Respiratory Society. Eur Heart J. 2022;43(3):183-189. https://academic.oup.com/eurheartj/article/43/3/183/6454843

  3. University of Rochester Medical Center. At-Home Exercise Program is Safe for People Recovering from Pulmonary Embolism. 2024. https://www.urmc.rochester.edu/clinical-translational-science-institute/stories/june-2024/at-home-exercise-program-is-safe-for-people-recove

  4. Síndrome de disnea post-tromboembolismo pulmonar y enfermedad tromboembólica crónica pulmonar. Archivos de Bronconeumología. https://www.archbronconeumol.org/es-enfermedad-tromboembolica-cronica-pulmonar-articulo-S0300289619305873

  5. Servicio Canario de la Salud. Recomendaciones a las personas más sensibles ante la presencia de calima. Gobierno de Canarias. https://www3.gobiernodecanarias.org/noticias/sanidad-recomienda-a-las-personas-mas-sensibles-tomar-precauciones-ante-la-presencia-de-calima-27/

  6. National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI). Tromboembolismo venoso: la vida después. https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/tromboembolia-venosa/la-vida-despues

Disclaimer médico

Este artículo tiene finalidad exclusivamente informativa y divulgativa. No sustituye en ningún caso una consulta médica presencial. Las decisiones sobre tu recuperación tras una tromboembolia pulmonar —incluidos el tipo de ejercicio, su intensidad, el momento de retomarlo y la duración de la anticoagulación— deben tomarse junto a tu neumólogo o médico de referencia, valorando tu historia clínica completa. Ante síntomas de alarma como dolor torácico, ahogo súbito o pérdida de conocimiento, contacta con los servicios de urgencias (112).

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